El Señol Pakal y Palenque.

Por Guadalupe Vera

El día de hoy vamos a irnos de viaje para conocer un recinto soberbio que refleja con majestuosidad a toda la cultura maya. ¡Les recomiendo irse bien preparados porque hace mucho calor! Juntos nos vamos a Palenque (Bakal-Há– o lugar de muchas aguas), joya histórica que es Patrimonio Cultural de la Humanidad y se encuentra al norte de Chiapas; un espacio extraordinariamente hermoso, aunque los arqueólogos han podido explorar hasta nuestros días sólo el dos por ciento de su entera magnitud y secretos. Y ya que nos encontramos embelesados con este lugar, ¿cómo llegar ahí sin conocer al señor Pakal? ¿No han escuchado de él? Es el niño que fue entronado a los 12 años por su madre Sak K´uk, hija de Janaab, la abuela que defendió su señorío e invasión años atrás, mutilando a los traidores y esparciendo su sangre como escarmiento para quienes quisieran traicionar su reinado. Años después, esa mujer implacable tendría un nieto, que sucedería al trono después de un reinado de mujeres. Pakal el Grande sería el joven gobernante que daría gloria a Palenque y fue conocido como “El protegido de los dioses”. Se dice que durante sus primeros años, recibió asesoría y consejos de su madre, quien ya dominaba los asuntos políticos e implementó una tesorería impecable en el régimen de impuestos. Todavía en la actualidad podemos observar la escena de la entrega del trono de Sak Kúk a su hijo, tallada en altorrelieve en la Casa del señor Pakal. Ahí podemos constatar cómo su madre le entrega las insignias de poder, mientras el heredero se mantiene sentado en un trono espléndido con doble cabeza de jaguar. Se sabe que debido a la juventud del Ahau, las mujeres políticas –en especial su madre–, cuidaron al niño en extremo para que no fuera asesinado y pudiera lograr que Palenque floreciera. Fue así que en su tarea de ayudarle a ser sabio, lograron que se convirtiera primero en astrónomo, mandando construir una torre de observatorio desde donde se podían vigilar los planetas y sus movimientos, a través de un espejo de agua. Él lo hizo con tanta exactitud, que aún en nuestros días podemos observar cómo, por un pequeño orificio, se filtran los rayos del sol que dan inicio a las cosechas, entre el 8 y 9 de junio de cada año. Más adelante, el joven también se inició como arquitecto e ingeniero. Su trabajo en esa disciplina fue tan excelso, que hasta construyó un acueducto entubado y al aire libre, que abastecía de agua de manantial a su pueblo, además de que también cimentó un sistema de drenaje e incluso colocó excusados en las recámaras reales, que hasta nuestros días podemos apreciar como piezas arqueológicas. Durante su reinado, construyó asimismo el Templo del Olvidado, realizó la ampliación del Palacio, el área de los subterráneos y La Casa del Cielo, que estaba dedicada a cuatro deidades de la guerra. Se conoce también que todas las inscripciones jeroglíficas que se encuentran en los edificios y tableros se hicieron bajo su mandato, ya que su deseo era garantizar a las futuras generaciones el legado de los acontecimientos más importantes durante su reinado. A la edad de 23 años, Pakal se casa con Tz ákbu Ajaw, cuando ella apenas tenía unos 13 años. A pesar de su juventud, es bien sabido que fue una de sus consejeras más importantes, sobre todo en cuanto a estrategias de milicia. Tuvieron aproximadamente cinco hijos, dos de ellos también fueron gobernantes e iniciaron la construcción de Chichén Itza, una de las Siete Maravillas del mundo contemporáneo. El 1 de junio de 1994, la arqueóloga Fanny López Jiménez descubrió una tumba que al parecer Pakal mandó a construir a su esposa, quien actualmente se conoce como “La Reina Roja”. El nombre se debe a que su osamenta se encontraba cubierta de un polvo rojo, cinabrio, que servía para conservar los restos. La osamenta se encontraba acompañada de los cuerpos de dos sirvientes, uno de ellos un niño, quienes fueron sacrificados para ayudarla en su paso al Inframundo. Al igual que los restos de su esposa, tuvieron que pasar más de mil doscientos años para que fuera descubierta la tumba de Pakal, y con su descubrimiento la representación iconográfica de la vista superior de la cosmovisión maya. Ahí se describen gráficamente los tres niveles: el superior o celeste que se conforma por 13 cielos; el intermedio o el que nosotros conocemos como terrestre, y el subterráneo o Inframundo, llamado Xibalbá. Este último nivel contaba con nueve estrados que debía descender y afrontar el alma del gobernante, antes de poder ser considerado un dios. Al lado de su tumba se enterraron seis cadáveres de sirvientes, de su entera confianza, para que ayudaran al Ahau a cruzar por su viaje al Inframundo, para después renacer como el Dios del Maíz y ascender hasta el plano divino. Pues bien, yo los invito a conocer más acerca de este hombre, quien murió aproximadamente a los 80 años, cuando la edad promedio de vida de un maya era entre 40 y 50 años. Créanme que se encontrarán con grandes sorpresas y controversias, como las referentes a la lápida de su sarcófago, pues se ha hecho alusión a que en ella se representa a un hombre con traje y aditamentos de astronauta. Sí, así es el señor Pakal, al parecer también tiene anécdotas hasta para quienes gustamos de la ciencia ficción… Lo que es bien cierto, es que su peculiar historia y legado siguen causando sorpresa y expectación a todos.








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